No simples mortales

Si supiéramos quiénes somos realmente…

¿Por qué los ángeles no caen tan a menudo como lo hacemos los humanos? Porque ellos ven el panorama completo. Ellos saben que son mensajeros de Dios, y permanecen conscientes en actitud y actividad.

No es que no se interesen por los asuntos mundanos; es sólo que permanecen tan cerca de la Luz, que no pueden ser engañados por la ilusión y no se permiten alterar la visión de lo que es posible. Si supiéramos que nosotros también tenemos el ADN, el potencial para ser angelicales, entonces se iluminarían las soluciones a nuestros problemas. No iríamos tras nuestros deseos egoístas porque el camino correcto estaría muy claro.

Algunas veces pensamos que somos tan insignificantes que no recordamos que somos, también, mensajeros, o ángeles. Nos falta entendimiento de lo que le estamos haciendo a nuestro planeta. Hasta un 50% del tiempo nos preguntamos qué estamos haciendo aquí. El asunto central es cómo nos sentimos acerca de nosotros mismos. Necesitamos sentir que podemos hacerlo todo.

Las personas que tienen éxito son aquellas que recuerdan que son ángeles en forma humana.

Piensa en la persona a la que más afectas en tu vida. Y sabiendo que cada uno afecta a alguien más, imagina multiplicar este efecto por 1000. Quizá meditaste en un miembro enfermo de tu familia, y se recuperó. Quizá razonaste con un amigo que está al borde del colapso, y hoy aún está presente debido a las palabras que hablaste. Cada uno de nosotros tiene al menos una historia como ésta. Multiplícala por decenas de miles, o hasta por un millón de personas. Éste es el verdadero efecto que tenemos. Incluso si aún no has dejado tu marca en el mundo, PUEDES hacerlo. Recuerda la película “Ésta es una Vida Maravillosa” (“It’s a Wonderful Life”).

Hay tanto más que podemos hacer. Desafortunadamente, nos encontramos enredándonos en nuestra basura. Nos extraviamos en la lógica y el intelecto, diciéndonos que no podemos, es imposible, ¿quién soy yo?, etc. Y cuando las cosas no funcionan, nos torturamos, y más adelante usamos la evidencia del fracaso para impedirnos intentar una vez más marcar la diferencia.

Así que muchos de nuestros problemas desaparecerían si supiéramos nuestras capacidades y actuáramos desde este lugar verdadero. ¡Podríamos tener tanto poder y crear tánto cambio en nuestras vidas y el mundo!

Piensa en las cosas menos egoístas que has hecho en tu vida. Luego imagínate haciendo este tipo de cosas todos los días. Si tuviste esta influencia una vez, la puedes hacer una y otra y otra vez.

Somos mucho más que “simples mortales”.

Cuando nos damos cuenta consistentemente de que somos ángeles, actuamos desde nuestra verdadera naturaleza. ¡Hay tántas bendiciones que somos capaces de darle al mundo! ¡Hagámoslo!

Todo lo mejor,

Yehudá

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