Cierra las Valvulas

En 1973, días antes de la Guerra de Yom Kipur, el Servicio de Inteligencia Israelí recibió numerosas comunicaciones que indicaban que fuerzas sirias e iraquíes se estaban movilizando. Sin embargo, el jefe del Servicio de Inteligencia militar en aquel momento, Eliyahu Zaira, dijo que eso no estaba ocurriendo. Él y su equipo creían, con total certeza, que las amenazas no eran ciertas, que no había necesidad de asustarse, que no iba a estallar una guerra. Declararon que habían recibido información que parecía contraria al resto de las comunicaciones.

Este incidente se conoce como La concepción , y fue investigado exhaustivamente en aquel tiempo.

Justo en la noche antes de Yom Kipur, el día más sagrado en Israel, cuando el tráfico cesa y el silencio y la serenidad impregnan las calles de todo el país, fueron enviados telegramas desde el Cairo y Damasco, declarando que iban a atacar al día siguiente. Cientos de miles de vidas más tarde, resultó obvio que las amenazas eran reales.

Miles de muertos, decenas de miles de heridos, y todo porque alguien, en alguna parte, tuvo certeza absoluta en algo falso.

Esta es una ilustración dramática de un punto muy simple. A menudo nos encerramos en sistemas de creencias y estamos cegados por esas creencias, como si el día 8 de marzo tu amigo insiste en que es el 4 de julio, aunque todos los calendarios, relojes y computadoras dicen lo contrario.

A veces necesitamos saber que estamos equivocados. Debemos tener certeza total en el camino en que nos encontramos, en cómo vivimos nuestra vida, pero no en otras cosas.

¿Te has encontrado alguna vez en medio de una discusión en la que ya no puedes seguir oyendo a la otra persona, como si tus oídos se hubieran desconectado? En esos momentos, resulta obvio cómo bloqueamos todo lo que oímos porque estamos demasiado bloqueados por dentro.

Pero también debemos estar atentos al cierre sutil de nuestras válvulas internas.

Algo no nos deja ceder, y como mi padre y maestro suele decir: “por todas las razones correctas” herimos, culpamos y a menudo nos lastimamos a nosotros mismos y a los demás. No hay duda de que Zaira pensó que estaba haciendo lo correcto, y que creyó que su decisión no lastimaría a nadie, sino al contrario. Pero, de nuevo, debemos aceptar el hecho de que a veces, aun con las mejores intenciones, estamos equivocados.

La persona que somos ahora mismo, con nuestra Luz y con nuestras limitaciones, existe porque estamos bloqueados en ciertas cosas. Cuando nos abrimos a otras cosas, otras personas, opiniones, historias, hechos y detalles, entonces podemos realmente dejar que la Luz penetre en nuestra vida.

 
Todo lo mejor para ti.
 
Ahora trasciendo mis propios límites, de tal manera que logro aferrarme al Árbol de la Vida. La felicidad sale a mi encuentro ahora que el ego ya no está en el centro de la escena. Domino el arte de evitar estorbar en mi propio camino al desprenderme de toda obstinación.
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