La Parabola de la rotanera

La parábola de la ratonera

“Observaba el ratón, desde su guarida, como el granjero y su esposa abrían un paquete.

De la alegría pasó al terror al descubrir que la caja no contenía queso sino una ratonera.

Fue corriendo al patio de la granja para advertir a todos: ‘Hay una ratonera en la casa…hay una ratonera en la casa’.

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y dijo: ‘Discúlpeme Sr. Ratón, entiendo que es un gran problema para usted, pero no para mí’.

El ratón ve al cordero y le dice desperado: ‘Hay una ratonera en la casa…una ratonera’. El cordero lo mira de arriba abajo y le dice: ‘Discúlpeme Sr. Ratón, no hay nada que yo pueda hacer. Es un gran problema para usted, pero no para mí’.

El ratón ve a la vaca y le dice desperado: ‘Sra. Vaca, hay una ratonera en la casa…una ratonera’. La vaca, sin dejar de mascar, le dice: ‘Discúlpeme Sr. Ratón, no hay nada que yo pueda hacer. Es un gran problema para usted, pero no para mí’.

Preocupado y abatido, el ratón vuelve a la casa, para encarar a la ratonera del granjero.

Ya de noche, mientras el ratón se agarraba tentado de la puerta, se escucha un gran barullo en el mismo lugar donde está la ratonera. Sale la esposa del granjero queriendo saber si la ratonera había funcionado.

Como estaba oscuro, la esposa no se percató que la ratonera había atrapado la cola de una serpiente venenosa. Se acercó tanto que la serpiente tiró a morder, picándola en la pierna

Como el hospital más cercano quedaba a varias horas, el granjero decide curar a su esposa. Le comienza a subir la fiebre. El granjero se le ocurre preparar caldo de gallina. Con cuchillo en mano fue a buscar el ingrediente principal: la gallina.

Pero, a pesar del buen caldo de gallina, la cosa no mejora. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mata al cordero.

La mujer al poco tiempo termina muriendo.

Con poco dinero y queriendo darle sagrada sepultura, El granjero vende la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.”

Moraleja: cada vez que creas que la avaricia, la estulticia, el exceso de confianza o el problema de otro no es tú problema, recuerda que nos termina afectando a todos.

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