Como hallar fortaleza en la union

Cómo hallar fortaleza en la unión
Élder Erich W. Kopischke


Élder Erich W. Kopischke


Desde los tiempos de Adán, el Señor ha dado a sus hijos el mandamiento de amarse unos a otros; sin embargo, al mismo tiempo se ha lamentado de que muchos de ellos no tienen afecto y aborrecen su propia sangre1.


Nuestro Padre Celestial sabe que el precioso don de la vida eterna está al alcance de sus hijos solamente si éstos deciden amar a Dios como su padre y si tienen amor y unidad entre ellos. El Salvador oró por sus discípulos diciendo: “para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”2; y le confirmó lo siguiente a Adán tras su bautismo: “He aquí, eres uno en mí, un hijo de Dios; y así todos pueden llegar a ser mis hijos. Amén”3. El Señor mandó al profeta José que enseñara que cada hombre estimara a su hermano como a sí mismo y que fueran uno. Les advirtió de lo siguiente: “Sed uno; y si no sois uno, no sois míos”4.


He meditado con frecuencia acerca del importante principio de la unidad y por qué es tan esencial. Mi conclusión es que la unidad crea, construye y sostiene la fuerza. Nos hace capaces de superar cualquier obstáculo, alcanzar cualquier destino y soportar toda influencia no deseada que nos ataque a nosotros y a nuestra familia. Si vivimos el principio de la unidad en nuestra vida, no temeremos hacer el bien, y el Señor prometió: “aunque se combinen en contra de vosotros la tierra y el infierno, pues si estáis edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer”5.


Wilford Woodruff dijo: “No creo que se necesite mucho argumento para probarnos que la unión hace la fuerza y que un pueblo unido tiene un poder que uno dividido no lo tiene”, a lo cual añadió: “Los santos de Dios no podrán prosperar a menos que sean unidos”6.


Por otro lado, es importante que comprendamos que la desunión produce la desolación y la destrucción. El Señor advirtió: “Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá”7. Esto es sumamente cierto en cualquier situación en la que podamos encontrarnos en la vida. Si yo deseo elevarme, tener éxito y ser feliz como persona, necesito ser “uno conmigo mismo y con Dios”. Si deseamos elevarnos, tener éxito y ser felices en nuestro matrimonio y nuestra familia, tenemos que estar unidos. Si deseamos elevarnos, tener éxito y ser felices en nuestros barrios y estacas, tenemos que estar unidos. En cada caso, la desunión conducirá a la desolación. Debilitará nuestra capacidad de elevarnos y progresar. Como resultado de ello, encontramos infelicidad y a menudo amargura; pero si estamos unidos, tendremos éxito incluso en situaciones que parezcan desesperadas.


Me gusta mucho la siguiente fábula:


“Había una vez una bandada de palomas que volaba en busca de comida, encabezada por su rey. Cierto día, se encontraban cansadas tras haber recorrido una larga distancia. El rey de las palomas las alentó a volar un poco más allá. La paloma más pequeña se apresuró y encontró un poco de arroz esparcido bajo un sicómoro, así que todas las palomas se posaron y empezaron a comer.


De repente, les cayó encima una red y todas quedaron atrapadas. Un cazador se acercaba a ellas con un enorme garrote. Las palomas revoloteaban desesperadamente para intentar salir, pero fue en vano.


Entonces el rey tuvo una idea. Aconsejó a todas las palomas que volaran hacia arriba todas juntas y que alzaran la red con ellas. Les dijo que la unión hace la fuerza.


Cada paloma tomó un trozo de la red y juntas huyeron volando, elevando la red con ellas. El cazador alzó la vista atónito. Intentó seguirlas, pero ya estaban sobrevolando colinas y valles. Volaron hasta una colina cercana a una ciudad de templos en la que vivía un ratón que podría ayudarlas. Era un amigo fiel del rey de las palomas.


Cuando el ratón percibió el fuerte ruido que hacían a medida que se acercaban, fue a esconderse. El rey de las palomas le llamó amablemente y entonces el ratón se alegró de verle. El rey explicó que habían caído en una trampa y que necesitaban que el ratón les ayudara royendo la red con los dientes para liberarlos.


El ratón aceptó y dijo que liberaría al rey en primer lugar. El rey insistió en que liberara primero a sus súbditos y al rey el último. El ratón comprendió los sentimientos del rey y le complació en sus deseos. Se dispuso a cortar la red y, una por una, todas las palomas quedaron liberadas, hasta el rey de las palomas. Todas le dieron las gracias al ratón y se marcharon volando juntas, unidas en su fuerza”8.


Este relato ilustra de una manera hermosa el principio y el poder de la unidad. Sea cual sea nuestra objeción y lo difícil que nos pueda parecer una asignación, si la emprendemos en unión, es muy probable que alcancemos nuestras metas y cumplamos con nuestro propósito. Nuestro Padre Celestial nos da el ejemplo perfecto de unidad en la Guía para el Estudio de las Escrituras. Leemos lo siguiente en cuanto a ellos (la Trinidad): “Integran la Trinidad tres personajes distintos: Dios el Eterno Padre, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo9”.


Se nos invita a seguir su ejemplo en nuestra función de esposo y esposa, al esforzarnos por educar a nuestros hijos en la rectitud. En nuestros llamamientos de la Iglesia, necesitamos un esfuerzo concertado para procurar brindar la salvación a los hijos de nuestro Padre Celestial utilizando los consejos en nuestros barrios y estacas. La unidad en la rectitud y en el deseo entrelaza nuestros corazones, nos conecta con los poderes del cielo y prepara el camino para la inspiración y la revelación. Ciertamente, llegamos a ser instrumentos en las manos del Señor para la salvación de las almas. La unidad es más importante que tener razón.


El élder George Q. Cannon enseñó: “Supongo que a cada uno de nosotros nos encantan las cosas a nuestra manera. Sé que esto es así para mí. Estoy dispuesto a confesar que me gustan las cosas a mi manera; pero no me gustan lo suficiente como para desearlas en oposición a la manera de mis hermanos. Este es nuestro deber como Primera Presidencia de la Iglesia. Es el deber de todas las presidencias de toda la Iglesia.


Los presidentes de estaca y sus consejeros, los obispos y sus consejeros, así como todos los que sirven en cargos de presidencia deben estar unidos. Es nuestro deber como Primera Presidencia de la Iglesia el procurar este espíritu de unión por el cual el Salvador oró y así ser uno; que sometamos nuestros sentimientos y que cuando dos personas coincidan en algo y la tercera no logre captarlo, ésta diga: ‘Me uno a ustedes. Ningún sentimiento que entre en mi corazón se interpondrá entre ustedes y yo’”10.


No solo se nos invita a estar unidos, sino que es más importante estar unidos que seguir un excelente plan que no todos puedan aceptar. Vuelvo a citar al presidente Cannon:


“Supongamos que un hombre tenga más sabiduría que otro; es mejor llevar a efecto un plan que sea menos sabio, si estamos unidos en él. Hablando de manera general, un plan o una directriz que quizá sea inferior en algunos aspectos resulta más eficaz si los hombres están unidos en ella que un plan mejor si están divididos11.


A medida que llevemos a cabo nuestras diversas obligaciones y asignaciones, hagámoslo en unión. Alcanzaremos un grado más profundo de paz, un grado más intenso de inspiración y un grado más elevado de rendimiento, y seremos los elegidos del Señor12.
NOTAS




1. Moisés 7:33.
2. Juan 17:21.
3. Moisés 6:68.
4. Doctrina y Convenios 38:27.
5. Doctrina y Convenios 6:34.
6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 250.
7. Mateo 12:25.
8. Véase Unity is Strength, Ajit Hari Sahu, http://www.whereincity.com/stories/children/5909.html.
9. Juan 17:21-23; véase también 2 Nefi: 31:21; véase también 3 Nefi 11:27, 36.
10. Véase Discourses and Writings of George Q. Cannon), George Q. Cannon, tomo 1,
seleccionados, revisados y organizados por Jerreld I. Newquist (1957), pág. 207.
11. Véase Discourses and Writings of George Q. Cannon, George Q. Cannon, tomo 1,
seleccionados, revisados y organizados por Jerreld I. Newquist (1957), pág. 207.
12. Juan 17:9-11.
Fuente: Iglesia de Jesucristo de los santos de los ultimos dias.


www.eventoscristianos.us

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